Kimi Antonelli es campeón de F1 y Bologna celebra a su héroe
A los 20 años y con Mercedes, el piloto nacido en Bologna cortó una sequía italiana de 73 años y desató la locura en su ciudad, pese a no correr para Ferrari.

Foto: Liauzh / CC BY 4.0
A los 20 años, Kimi Antonelli se consagró campeón mundial de Fórmula 1 y le devolvió a Italia una corona que le era esquiv desde hace 73 años. El piloto nacido en Bologna selló su título en México, pero fue en Monza donde se transformó en una leyenda para su gente al ganar el Gran Premio de Italia largando desde el 19° puesto en la grilla.
Esa victoria en el templo de la velocidad fue la consagración de una temporada dominante y el momento en el que Antonelli demostró la maestría y la frialdad que muchos ya le auguran como inicio de una era de hegemonía en la categoría. La imagen posterior dio la vuelta al mundo: el campeón comiendo tagliatelle al ragú directamente de su trofeo, un guiño inequívoco a sus raíces boloñesas y a una región famosa por su gastronomía.
El niño que asombró en el kartódromo
La historia de Antonelli con los motores empezó a los seis años en el Galliano Park, un kartódromo en Forli, en la provincia de Bologna, propiedad de la familia Fantini hace casi tres décadas. Manuel Fantini, ex piloto, recuerda con asombro el primer día que lo vio subirse a un kart. Tuvo que adaptarle el vehículo porque no llegaba a los pedales del acelerador y el freno.
“Cuando lo vi por primera vez, dije: ‘Mamma mia, chi diavolo è questo?’. En español sería: ‘Ay mamá, ¿quién diablos es este?'”, relata Fantini. “Era normal ir demasiado rápido y tomar las curvas mal la primera vez. Pero él mejoraba vuelta a vuelta, como si conociera la pista de toda la vida. Al final del día, era más rápido que los demás con un kart más lento. ¡Absurdo! ¡Increíble!”.
Para Fantini, la clave del talento de Antonelli no fue la velocidad pura, sino su enfoque. “Su prioridad era ser mejor, no ser más rápido. Esa es la clave para ser campeón. Todos piensan que hay que ser rápido, pero el enfoque de Kimi es el correcto. Tenía algo en las venas que no era normal. Si solo eres rápido, puedes lastimarte o cometer errores”, analiza.
La humildad del ídolo y el dilema tifosi
El ahora campeón del mundo sigue visitando Bologna con regularidad. En la Trattoria dal Biassanot, un restaurante del centro donde Antonelli come a menudo, no hay una sola foto suya en las paredes. “Kimi es simplemente uno de nosotros. Lo conocemos desde que era un niño. Viene con su padre, su madre y su hermana, y hay muchos momentos en los que comemos en la misma mesa. Esta región ama el automovilismo. Kimi es el Dios de la tierra”, explica Luca Bugamelli, dueño del lugar.
Fantini también destaca el rol de la familia para mantenerlo con los pies sobre la tierra: “Estoy muy orgulloso de sus padres, porque lo más difícil hoy en día, cuando tienes tanto talento, es mantener al niño a salvo y con humildad. Veo a la misma persona increíble. Es tan natural, tan gracioso y bueno como un chico. Pero cuando se pone el casco… atención”.
Sin embargo, el ascenso meteórico de Antonelli generó un dilema inédito para los italianos. En un país donde correr para cualquier equipo que no sea Ferrari es casi una blasfemia deportiva, el boloñés lo hace para Mercedes, un equipo de propiedad alemana. “Tuve algunos amigos que fueron a Monza y, probablemente por primera vez en la historia, la multitud se dividió entre Ferrari y Kimi”, cuenta Paolo, un residente de Bologna que luce un pulóver con el escudo de la Scuderia. “Kimi camina por la ciudad a veces. Va al estadio a ver al Bologna Football Club. Está muy integrado. Lo vi el mes pasado en un bar”.
Un ídolo que trasciende la pista
El impacto de Antonelli no se limita a los fanáticos del automovilismo. Su presencia en las redes sociales le ha sumado una legión de seguidores que no necesariamente son aficionados a la F1. Aunque las tiendas y carteleras de Bologna aún no están plagadas de su imagen, su logro ya es un orgullo colectivo.
“Me siento muy orgullosa de que una persona de estas calles pueda ser tan famosa y ganar tantas cosas”, dice Somaya, una estudiante de 20 años. Italia entera sonríe de orgullo por el chico de Bologna que se hizo hombre en Monza con una remontada histórica y cerró su cuento de hadas en la máxima categoría al coronarse en México.




