Rangers de McInnes golpea de nuevo a un Celtic en crisis
El conjunto de Glasgow ganó 1-0 en Celtic Park y sumó su segundo triunfo seguido sobre su clásico rival, que acumula cuatro derrotas en un mes bajo Martin O'Neill.

Foto: Megalit / CC BY-SA 4.0
Rangers volvió a imponerse a Celtic, esta vez en Celtic Park, y sumó su segundo triunfo consecutivo sobre su eterno rival en lo que va de temporada. El 1-0, con gol de Ryan Naderi, le da aire a un conjunto que parece saber hacia dónde camina bajo la dirección de Derek McInnes.
El técnico, que también se había impuesto en la League Cup, no ocultó su mesura. “Solo tres puntos. Tres puntos más cerca de Celtic”, fueron sus primeras palabras en radio. La prudencia, sin embargo, choca con la historia: es el primer manager de Rangers que gana sus dos primeros cruces ante Celtic desde Graeme Souness en 1986. McInnes tenía 15 años por entonces.
Un Celtic que se desinfla
Del otro lado, Martin O’Neill transita por su peor momento. El conjunto católico acumula cuatro derrotas en un mes: 5-1 ante LASK por Champions League, 3-0 frente a Rangers en Ibrox por la League Cup, una nueva paliza ante Ferencvaros en la Europa League y ahora esta caída en su estadio.
“No hubo mucha diferencia entre los dos equipos”, dijo O’Neill. Pocos le creyeron, inclusive dentro de su propia hinchada. Su equipo fue superado en físico, en mentalidad y en ideas. Otra vez.
Los problemas se acumulan. No tiene mediocampistas robustos porque la dirigencia no se los trajo. Tampoco cuenta con los extremos de otros tiempos, cuando Daizen Maeda, Liel Abada, Jota —aún fuera de ritmo— y Nicolas Kuhn estaban disponibles. Con Yang Hyun-jun otra vez ausente, James Forrest, de 35 años, es el mejor extremo que tiene, según el ex capitán Scott Brown.
Decisiones que no funcionan
O’Neill probó variantes que no le dieron resultado. Mandar a Sebastian Tounekti al campo en Ibrox la semana pasada fue una rareza que corrigió al entretiempo. La elección de Sam Johnstone en el arco le salió mal. Y dar su primera titular de la temporada a Luke McCowan resultó otra apuesta extraña: el mediocampista estuvo fuera de ritmo y no volvió para el segundo tiempo.
La capacidad para resolver problemas e inspirar que hizo famoso a O’Neill parece haberlo abandonado, al menos por ahora. Los seguidores del club empiezan a preguntarse, en voz alta o en silencio, si el ícono todavía tiene respuestas.
Un Rangers que crece partido a partido
McInnes, en cambio, encontró una receta. Hace pocas semanas, cuando Rangers cayó eliminado de Europa entre abucheos, el técnico fue duro: no eran un equipo de posesión, ni de presión, ni de contraataque. Demasiado jóvenes, demasiado inexpertos, un grupo de individuos sin identidad ni estilo.
Lo que eran debilidades se transformaron en fortalezas. Por segunda semana seguida, Olwethu Makhanya, de 22 años, fue el defensor más dominante de la cancha. Ryan Naderi, de 23, volvió a ser el atacante más trabajador y efectivo. Dan Neil y Nico Raskin, de 24 y 25, comandaron el medio. Neil, que parecía un jugador más, crece como capitán.
El mayor de los titulares de Rangers fue James Penrice, de 27. Celtic tenía seis jugadores más viejos que él. El promedio de edad fue 26,7 contra 24,4.
La primera mitad fue un monólogo
Al entretiempo, Rangers no solo ganaba por el tanto de Naderi: dominaba en todos los frentes. Ganaba los duelos aéreos 67,6% a 32,4%, había ejecutado ocho remates contra uno del rival y seis al arco contra cero. Camilo Duran tocó ocho veces el balón, Kevin Kelsy 13 y Naderi 23. Todos los mano a mano eran victoria de Rangers.
Ni siquiera el ingreso de Kasper Hogh, el fichaje récord de Celtic, movió la aguja. El delantero volvió a quedar sin asistencia y empieza a verse como un jugador sin confianza, incapaz de ejecutar como lo hacía en Bodo-Glimt. Cuando tu estrella no puede ser titular y tu líder, Callum McGregor, es superado en el medio, los problemas exceden lo que O’Neill puede resolver.
McInnes tuvo razón en lo de los tres puntos. Pero el impulso en Glasgow es suyo. La energía, la claridad y el optimismo son celestes, no verdes. El poder cambió de lado a una velocidad vertiginosa y, claro, podría volver a cambiar si Celtic se ordena. Los interrogantes, de todos modos, son enormes. Más de los que O’Neill enfrentó jamás en la ciudad.




