Clubes de la Premier, inquietos por la injerencia política
Dirigentes de la liga inglesa cuestionaron los dichos del primer ministro Andy Burnham sobre el fallo contra Manchester City y temen presión en la apelación.

Dirigentes de varios clubes de la Premier League quedaron “asombrados” por los comentarios del primer ministro británico, Andy Burnham, que parecieron minimizar el fallo contra Manchester City, y ahora temen que haya injerencia política en el proceso de apelación. Así lo indicaron fuentes cercanas a la liga, que describieron las declaraciones como “absolutamente extrañas”.
La polémica se desató cuando Burnham dijo que estaría “realmente preocupado” si los dueños de Manchester City decidieran vender el club, luego de que la institución fuera declarada culpable de violar las reglas financieras de la Premier League. La frase generó malestar entre altos directivos, que se preguntaron qué buscaba lograr el primer ministro con esas palabras.
Un vínculo bajo la lupa
Burnham está bajo una presión creciente por su relación con la propiedad emiratí del club durante sus nueve años como alcalde del Gran Manchester, entre 2017 y principios de este año. La líder conservadora Kemi Badenoch exigió que el número 10 de Downing Street publique todos los detalles de las reuniones entre el primer ministro y figuras de alto rango de la institución.
Pese a que Downing Street aclaró que para Burnham nadie está “por encima de las reglas”, sus comentarios iniciales inquietaron incluso a figuras laboristas, que temen que hayan tenido un fuerte impacto en los votantes. Un dirigente de un club los calificó de “torpes” y otro se sorprendió de que el primer ministro hubiera “hablado de más”.
Un proceso independiente bajo observación
El proceso contra Manchester City es independiente de la Premier League. Una comisión autónoma llevó adelante una audiencia de 42 días en 2024 que derivó en el veredicto anunciado el mes pasado, y todavía falta una audiencia sobre sanciones. Un tribunal de apelación separado revisará el caso, mientras el club continúa negando cualquier irregularidad.
Consultado sobre una posible interferencia a partir de los dichos de Burnham, un alto directivo señaló: “Todos tendrían cierto grado de preocupación. Cuánto dependería de cuánto leas en ese comentario. Creo que todos están preocupados. Porque nadie es tonto en la mesa. Entendemos la geopolítica también. Entendemos la inversión que han hecho en nuestro país. No creo que nadie pueda dudar de eso ni criticarlo. Pero esto es diferente, esto es deporte, esto es nuestro juego nacional”.
Otra fuente, en cambio, consideró que el nivel de escrutinio sobre Burnham hace que cualquier interferencia sea ahora imposible.
El paralelo con Everton y la aclaración
En la entrevista, Burnham trazó un paralelo con el caso de Everton, al sostener que aún mantiene “firmemente” la opinión de que ese club “no fue tratado de manera justa”. Everton había recibido una quita de 10 puntos, luego reducida a seis en apelación, por violar las reglas financieras de la Premier League.
Al día siguiente, un vocero del número 10 buscó aclarar los dichos: “Como dejó claro el primer ministro, el fallo inicial es serio y no puede haber ninguna sugerencia de que alguien esté por encima de las reglas. También subrayó que se trata de un proceso independiente en curso. Es esencial que se le permita seguir su curso y que se respete el resultado. Si se establece una irregularidad, los responsables deberían enfrentar las consecuencias apropiadas”.
Esa declaración fue modificada tras nuevas críticas por el uso de la palabra “si”, que se cambió por “dondequiera”.
El peso político del fútbol
La Premier League es vista por gobiernos de distintos signos como una de las principales exportaciones culturales del Reino Unido, por lo que los ministros quieren evitar que la polémica cause un daño duradero a su marca. Además, ser hincha de fútbol es una parte central de la identidad política de Burnham: es abonado de Everton y, antes de asumir, habló de seguir ocupando su butaca habitual en el Hill Dickinson Stadium, algo que no fue posible por cuestiones de seguridad, como le ocurrió a su predecesor, el hincha de Arsenal Keir Starmer.
El mes pasado, Burnham planteó la posibilidad de levantar la prohibición de beber alcohol en las tribunas, aunque enseguida se aclaró que no se trata de una política de gobierno.




